Dormir influye en el rendimiento, el apetito, el estado de ánimo y la recuperación. Aun así, decirle a todo el mundo que duerma ocho horas no resuelve el problema.

La necesidad cambia entre personas y también de una etapa a otra. El estrés, los viajes, el trabajo o un bebé pueden modificar por completo lo que es posible esa semana.

Cuando no puedes ganar muchas horas, todavía puedes mejorar la regularidad, la luz por la mañana, el ambiente del dormitorio, el horario de la cafeína y alguna siesta bien colocada.

Valora cómo funcionas durante el día: energía, somnolencia, rendimiento, humor y capacidad para recuperarte. Las horas importan, pero no son el único dato.