Lo primero es llegar a la cantidad diaria de proteína que te corresponde por objetivo, peso y fase. El reparto viene después.

No hace falta que todas las comidas tengan exactamente los mismos gramos. Suele bastar con repartir una fuente de proteína en varias comidas y evitar dejar casi todo para el final del día.

La comida previa y la posterior al entrenamiento se adaptan a tus horarios y a tu digestión. No existe una ventana de pocos minutos que arruine una dieta bien planteada por comer un poco más tarde.

En la práctica, mantén las fuentes pautadas y avisa cuando cambien de forma importante tus horarios, tu apetito o el número de comidas. Eso influye más que cuadrar cada toma al gramo.