Una dieta flexible no es una dieta a ojo. Es poder cambiar algo sin cargarte la lógica del plan.

El error más habitual es mirar solo el macro principal. Pollo y salmón pueden darte una cantidad parecida de proteína, pero no la misma grasa ni las mismas calorías. Por eso no son un cambio directo.

En Team Osés parto de las calorías de la comida y después acerco proteína, hidratos y grasa todo lo posible. A veces habrá una diferencia pequeña; forzar una coincidencia exacta suele terminar en cantidades absurdas.

La flexibilidad merece la pena cuando hace el plan más fácil de cumplir. Si para cambiar un alimento tienes que rehacer media dieta, empeoras la digestión o alteras una comida clave para el entrenamiento, el cambio ya no compensa.